El 11 de junio de 2001, Timothy McVeigh fue ejecutado mediante inyección letal en la penitenciaría federal de Terre Haute, Indiana. Tenía 33 años. Su última comida fue helado de menta con chispas de chocolate, según reportes de la época. Seis años antes había estacionado un camión cargado de explosivos frente al Edificio Federal Alfred P. Murrah, en Oklahoma City, y activado una bomba que mató a 168 personas, entre ellas 19 niños.
McVeigh dijo que el atentado era una represalia contra el Gobierno federal por los episodios de Ruby Ridge y Waco. Pero eligió un edificio donde trabajaban funcionarios, ciudadanos que realizaban trámites y familias que dejaban a sus hijos en una guardería. La mañana del 19 de abril de 1995, su discurso contra el Estado se convirtió en uno de los ataques de terrorismo doméstico más mortíferos de la historia de Estados Unidos.
Un joven atraído por las armas
Timothy James McVeigh nació el 23 de abril de 1968 en Pendleton, Nueva York, y creció en el oeste de ese estado. Sus padres fueron William McVeigh, trabajador de General Motors, y Mildred “Mickey” Noreen McVeigh, agente de viajes.
Tras el divorcio de sus padres, pasó buena parte de su infancia con su padre y mantuvo una relación estrecha con su abuelo, Edward McVeigh, quien le enseñó a disparar. Desde adolescente mostró interés por las armas de fuego y por una visión cada vez más rígida de la autosuficiencia, el individualismo y la desconfianza hacia las instituciones.
McVeigh aseguró haber sufrido acoso escolar por su contextura física. Ese relato aparece en perfiles biográficos y testimonios posteriores, pero no debe presentarse como una explicación suficiente de sus crímenes: millones de personas sufren violencia o rechazo sin convertirse en terroristas. En su caso, ese resentimiento fue mezclándose con lecturas conspirativas y propaganda extremista.
El Ejército y la radicalización
Después de terminar la secundaria, McVeigh estudió brevemente en un instituto técnico y trabajó en distintos empleos. En mayo de 1988 ingresó al Ejército de Estados Unidos. Allí conoció a Terry Nichols y Michael Fortier, dos exmilitares que más tarde quedarían vinculados a la investigación del atentado.
Sirvió en la guerra del Golfo como soldado de infantería y recibió, entre otras distinciones, la Estrella de Bronce y la Insignia de Combate de Infantería. En 1991 intentó ingresar a las Fuerzas Especiales, pero abandonó el proceso de selección poco después de iniciarlo.
Fuera del Ejército, McVeigh se acercó a círculos antigubernamentales y a la literatura de extrema derecha. Uno de los textos que más influyó en su imaginario fue The Turner Diaries (Los diarios de Turner), novela publicada en 1978 por William Luther Pierce. El libro describe una insurrección supremacista blanca contra el Gobierno estadounidense e incluye el uso de un camión bomba contra un edificio federal.
Ruby Ridge, Waco y una fecha elegida
Dos hechos alimentaron el discurso de McVeigh contra el Gobierno federal. El primero ocurrió en Ruby Ridge, Idaho, en agosto de 1992, durante un operativo para detener a Randy Weaver. El enfrentamiento y el posterior cerco dejaron tres muertos: el alguacil federal adjunto William Degan, Samuel Weaver —hijo de Randy Weaver— y Vicki Weaver, esposa de este último. Investigaciones posteriores del Departamento de Justicia cuestionaron decisiones y procedimientos de las autoridades involucradas.
El segundo fue el asedio de Waco, Texas. El 28 de febrero de 1993, agentes de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) intentaron ejecutar una orden judicial en el complejo de los davidianos, liderados por David Koresh. Tras un tiroteo inicial y un cerco de 51 días, un incendio consumió el recinto el 19 de abril. Murieron 75 personas dentro del complejo, incluidos Koresh y 25 menores de edad.
McVeigh convirtió ambos episodios en una justificación ideológica para atacar. No fue un espectador de Waco: viajó al lugar durante el asedio y vendió calcomanías con mensajes contra el Gobierno. Dos años después, escogió el 19 de abril de 1995, segundo aniversario del incendio de Waco, para ejecutar su plan.
La bomba frente al Edificio Murrah
McVeigh preparó el ataque con la ayuda de Terry Nichols. La investigación determinó que ambos obtuvieron grandes cantidades de nitrato de amonio y otros materiales para fabricar un artefacto explosivo. McVeigh alquiló un camión Ryder con un nombre falso y lo condujo hasta el centro de Oklahoma City.
A las 9:02 de la mañana del 19 de abril de 1995, estacionó el vehículo frente al Edificio Federal Alfred P. Murrah y activó la bomba. La explosión destruyó gran parte de la estructura de nueve pisos, dañó o destruyó más de 300 edificios cercanos y dejó una escena de rescate que se prolongó durante días.

Murieron 168 personas, incluidos 19 niños. Cientos más resultaron heridas. Entre las víctimas había empleados federales, visitantes y menores que estaban en la guardería del edificio. El FBI describe el ataque como el acto de terrorismo doméstico más letal en la historia de Estados Unidos.
El arresto y el juicio
McVeigh no logró escapar. Aproximadamente una hora y media después de la explosión, un agente estatal de Oklahoma lo detuvo por conducir sin placa y por portar ilegalmente un arma. La policía lo mantuvo bajo custodia mientras el FBI avanzaba en la investigación del atentado.
El camión había sido alquilado con una identidad falsa, pero la investigación reconstruyó el rastro de McVeigh mediante testimonios, registros y un retrato hablado. Cuando el FBI difundió ese dibujo, un empleado de un motel en Junction City, Kansas, lo reconoció. McVeigh seguía detenido en la cárcel del condado de Noble, en Oklahoma.
El 2 de junio de 1997, un jurado federal lo declaró culpable de 11 cargos relacionados con el atentado. El 13 de junio recomendó la pena de muerte y un juez federal formalizó la sentencia el 14 de agosto de ese año.
Terry Nichols fue condenado a cadena perpetua en el proceso federal. Michael Fortier aceptó un acuerdo de culpabilidad, testificó para el Gobierno y recibió una sentencia de 12 años de prisión y una multa de 200.000 dólares.
Una historia que no terminó con la ejecución
McVeigh fue ejecutado el 11 de junio de 2001. Fue la primera ejecución federal en Estados Unidos desde 1963. No mostró arrepentimiento público por las víctimas y sostuvo hasta el final que el atentado había sido una respuesta a lo que consideraba abusos del Gobierno.
El Memorial Nacional de Oklahoma City conserva hoy los nombres de las 168 personas asesinadas. Cada silla vacía del monumento representa una vida interrumpida; 19 de ellas son más pequeñas, por los niños que murieron aquella mañana. Esa es la dimensión que desaparece cuando el fanatismo intenta convertir a personas reales en “daños colaterales”.
Fuentes consultadas: FBI, Departamento de Justicia de Estados Unidos, Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia y Oklahoma City National Memorial & Museum.