El 13 de febrero de 1996, millones de adolescentes británicas encendieron el televisor para confirmar lo que tanto temían: Take That, la boy band más exitosa del Reino Unido en ese momento, anunciaba oficialmente su separación. Lo que podría haber sido “solo” una noticia de espectáculos se convirtió en un fenómeno social tan intenso que se habilitaron líneas de apoyo telefónico para ayudar a los fans a gestionar la tristeza.
Take That: de dominar las listas a decir adiós
A comienzos de los años 90, Take That se consolidó como el grupo pop por excelencia del Reino Unido, acumulando múltiples números uno y un fervor fan comparable al de otras grandes bandas de la historia del pop. Sus canciones, videoclips y giras convirtieron a Gary Barlow, Robbie Williams, Mark Owen, Howard Donald y Jason Orange en ídolos absolutos de una generación.
En 1995, el equilibrio interno se rompió con la salida de Robbie Williams, quien decidió abandonar la banda en medio de tensiones y problemas personales. Aunque el grupo intentó continuar como cuarteto, el desgaste y la presión mediática terminaron llevando a un desenlace que, para muchos fans, resultó devastador.
El 13 de febrero de 1996: la rueda de prensa que rompió corazones
El anuncio oficial de la separación se produjo en una rueda de prensa en Mánchester el 13 de febrero de 1996, frente a periodistas y cámaras de televisión que retransmitieron el momento a todo el país. Los integrantes de Take That, visiblemente serios y contenidos, confirmaron que el grupo llegaba a su fin y pidieron a los fans que no se sintieran tristes, prometiendo un último recopilatorio para despedirse.
La noticia corrió como pólvora: radios, noticieros y revistas juveniles se volcaron en cubrir el final de la banda que había dominado el pop británico durante años. Para miles de adolescentes, no era solo el fin de un grupo musical, sino el cierre de una etapa emocional ligada a su niñez y adolescencia.
Fans desbordados: lágrimas, histeria y líneas de ayuda
La reacción del público juvenil fue tan intensa que se describieron escenas de lloros en colegios, habitaciones empapeladas con pósters convertidas en pequeños santuarios y padres sin saber cómo consolar a sus hijos. Algunas crónicas de la época hablan de fans que afirmaban no querer ir al trabajo ni a clase del disgusto, evidenciando la carga emocional que la banda tenía en sus vidas cotidianas.
Ante ese clima de angustia colectiva, organizaciones y medios británicos decidieron intervenir. Los Samaritans, una organización benéfica especializada en apoyo emocional, habilitaron una línea específica para atender a quienes necesitaban hablar sobre la separación de Take That. Programas de televisión como This Morning también abrieron teléfonos de consulta que llegaron a recibir cientos de miles de llamadas en poco tiempo, un récord para un tema de entretenimiento.
De noticia musical a fenómeno social
Lo que empezó como un anuncio de entretenimiento se convirtió en un caso de estudio sobre el poder de la cultura pop en los años 90. La necesidad de líneas de ayuda puso en evidencia que, para muchos adolescentes, la relación con una boy band no era superficial: representaba pertenencia, identidad y una forma de canalizar emociones en una etapa vital compleja.
Este episodio también mostró cómo los medios y las organizaciones de apoyo pueden reaccionar ante fenómenos emocionales colectivos, incluso cuando se originan en el terreno de la música y el espectáculo. Con el tiempo, la ruptura de Take That se ha recordado como uno de los momentos más dramáticos de la cultura pop británica de los 90, y un ejemplo de hasta qué punto una banda puede marcar a toda una generación.
Legado de una separación inolvidable
Aunque años después los integrantes de Take That protagonizaron reuniones y nuevos capítulos en su historia musical, la fecha del 13 de febrero de 1996 sigue siendo un hito para sus seguidores. No solo simboliza el final de la “primera era” de la banda, sino también el recuerdo de un país entero hablando de la ruptura, de las lágrimas y de unas líneas de ayuda creadas para consolar corazones adolescentes.
Hoy, el caso de Take That se cita como una muestra clara de cómo el pop puede mover masas, generar vínculos profundos y, en ocasiones, necesitar incluso apoyo psicológico organizado para procesar la despedida de un grupo idolatrado. Para muchos, esa mezcla de música, emoción y cultura mediática es precisamente lo que convierte a la historia de Take That en algo más que una simple noticia de farándula.
Con información de: BBC / El País / Euronews / Telegraph
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