La historia de Onán es una de las narrativas más malinterpretadas de la Biblia. Durante siglos, su nombre se asoció incorrectamente con la masturbación, cuando en realidad protagonizó un drama sobre codicia, responsabilidad familiar y anticoncepción intencional. Este es el relato de cómo un joven del antiguo Israel desató la ira divina no por un pecado sexual, sino por negarse a cumplir con su deber hacia su hermano muerto, y cómo médicos del siglo XVIII tergiversaron completamente su historia.
La historia bíblica: Una tragedia familiar en tres actos
Acto I: El primogénito malvado
Todo comenzó con Judá, el cuarto hijo de Jacob (nieto de Abraham), quien se había apartado de sus hermanos para vivir en Adulam. Allí se casó con la hija de un cananeo llamado Súa, quien le dio tres hijos: Er (el primogénito), Onán y Sela.
Cuando Er alcanzó la edad adulta, Judá le buscó esposa: una mujer llamada Tamar. Sin embargo, según narra Génesis 38:7, «Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida». La Biblia no especifica cuál fue su pecado, pero fue lo suficientemente grave como para merecer un castigo divino inmediato. Er murió sin dejar descendencia.
Acto II: El deber del levirato y la traición de Onán
Aquí es donde entra en escena la ley del levirato (yibbum en hebreo), establecida formalmente más tarde en Deuteronomio 25:5-10. Esta antigua costumbre hebrea tenía un propósito claro: cuando un hombre casado moría sin hijos, su hermano debía tomar a la viuda por esposa y engendrar descendencia. El primer hijo de esta unión sería considerado legalmente hijo del difunto, preservando así su nombre y su herencia.
Judá ordenó a Onán cumplir esta obligación: «Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano» (Génesis 38:8).
Pero Onán tenía otros planes.
El texto bíblico es brutalmente claro sobre lo que hizo: «Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano» (Génesis 38:9).
En otras palabras: Onán practicaba coitus interruptus (marcha atrás). Tenía relaciones sexuales con Tamar, pero se retiraba antes de eyacular, derramando el semen en el suelo para evitar que quedara embarazada.
La reacción divina fue inmediata: «Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida» (Génesis 38:10).
Acto III: La astucia de Tamar
Con dos hijos muertos, Judá temió que su tercer hijo, Sela, corriera la misma suerte. Le dijo a Tamar que regresara a la casa de su padre y esperara hasta que Sela fuera mayor de edad, pero en secreto no tenía intención de cumplir su promesa.
Pasaron los años. Sela creció, pero Judá no llamó a Tamar. Ella quedó atrapada en un limbo social: ni viuda libre para casarse con otro hombre, ni esposa con posibilidad de tener hijos. En la cultura antigua, esto era una sentencia de muerte social y económica.
Tamar decidió tomar el asunto en sus propias manos. Cuando se enteró de que Judá iba camino a Timnat para trasquilar sus ovejas, se disfrazó de prostituta, se cubrió el rostro con un velo y se sentó estratégicamente en el camino.
Judá, sin reconocerla, solicitó sus servicios. Como no tenía dinero consigo, Tamar le pidió una garantía: su sello, su cordón y su bastón (objetos de identificación personal). Judá accedió, tuvo relaciones con ella, y Tamar quedó embarazada.
Tres meses después, cuando se hizo público que Tamar estaba embarazada, Judá ordenó que la quemaran por «fornicación». En ese momento, Tamar produjo el sello, el cordón y el bastón, demostrando quién era el padre.
Judá reconoció los objetos y admitió: «Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo» (Génesis 38:26). Tamar dio a luz gemelos: Fares y Zara. Fares se convirtió en antepasado directo del rey David y, posteriormente, de Jesucristo, apareciendo en las genealogías de Mateo 1:3 y Lucas 3:33.
¿Por qué Dios castigó a Onán? La verdadera razón no es lo que piensas
Durante siglos, teólogos y moralistas interpretaron el castigo de Onán como una condenación del control de natalidad o de actos sexuales «antinaturales». Pero esa lectura ignora el contexto económico y social de la narrativa.
El pecado fue egoísmo, no sexualidad
El problema de Onán no fue el método anticonceptivo en sí, sino su motivación egoísta y codiciosa. Veamos por qué:
1. Motivación económica
Según la ley del levirato, cualquier hijo nacido de Tamar sería considerado legalmente hijo de Er, el primogénito fallecido. Esto significaba que:
- El hijo heredaría los derechos de primogenitura de Er, incluyendo una doble porción de la herencia familiar.
- Onán, como segundo hijo, quedaría relegado en la línea sucesoria.
- Onán tendría que compartir recursos para criar un hijo que legalmente no sería suyo.
En resumen: Onán saboteaba intencionalmente la posibilidad de descendencia para quedarse con la herencia de su hermano.
2. Abuso sexual de Tamar
Onán disfrutaba los beneficios sexuales del matrimonio levirato, pero se negaba a cumplir con su obligación reproductiva. Esto convertía a Tamar en un objeto de placer sin darle lo que la ley le garantizaba: hijos y seguridad económica.
3. Violación de un mandato divino
La ley del levirato no era solo una costumbre social, sino una institución establecida por Dios para proteger a las viudas vulnerables y preservar el linaje familiar. Al negarse deliberadamente a cumplirla, Onán mostraba desprecio tanto por su hermano muerto como por el orden divino.
Como señala un análisis teológico: «Su pecado no es sexual, sino que es no cuidar atentamente la herencia, la tierra, la descendencia que Dios ha prometido a su pueblo».
El gran malentendido: Cómo «onanismo» se convirtió en «masturbación»
Aquí es donde la historia da un giro fascinante y aleccionador sobre cómo los errores históricos pueden perpetuarse durante siglos.
El verdadero acto de Onán: Coitus interruptus, no masturbación
El texto bíblico es claro: Onán «se llegaba a la mujer de su hermano» (tenía relaciones sexuales completas con Tamar) y luego «vertía en tierra» (eyaculaba fuera del cuerpo). Esto es coitus interruptus (marcha atrás), NO masturbación.
No existe ninguna referencia en Génesis 38 a la masturbación. Onán estaba practicando anticoncepción intencional dentro de una relación sexual.
Los médicos que lo confundieron todo
1712-1716: El panfleto Onania
El primer documento que vinculó erróneamente el nombre de Onán con la masturbación fue un panfleto anónimo publicado en Inglaterra titulado «Onania: or, the heinous sin of self-pollution, and all its frightful consequences, in both sexes, considered» (Onanismo: o el atroz pecado de la autopolución y todas sus terribles consecuencias, consideradas en ambos sexos).
Durante mucho tiempo se atribuyó a un «Dr. Becker», pero investigaciones recientes identifican al cirujano John Marten como probable autor. El texto era esencialmente un producto comercial: describía supuestas enfermedades causadas por la masturbación y vendía «remedios» milagrosos para curarlas. Llegó a vender decenas de miles de copias en al menos 20 ediciones, convirtiéndose en un éxito editorial.
1760: El libro de Tissot que cambió la medicina
En 1760, el médico suizo Samuel-Auguste Tissot (1728-1797), un respetado profesional de la época y asesor del Vaticano, publicó «L’Onanisme, dissertation sur les maladies produites par la masturbation» (El onanismo, disertación sobre las enfermedades producidas por la masturbación).
Tissot argumentó, con supuesta autoridad científica, que el semen era un «aceite esencial» cuya pérdida excesiva causaba:
- Pérdida de fuerza, memoria y razón
- Visión borrosa
- Trastornos nerviosos
- Gota y reumatismo
- Debilitamiento de órganos reproductivos
- Locura y muerte prematura
La obra de Tissot fue enormemente influyente. Respaldada por figuras como Immanuel Kant y Voltaire, transformó la percepción de la masturbación en la medicina occidental durante más de dos siglos. Inspiró desde dispositivos mecánicos restrictivos (anillos con púas, corsés genitales) hasta intervenciones quirúrgicas como la circuncisión y la clitoridectomía para «prevenir» la masturbación.
El error consolidado
Como señala el etimólogo Ricardo Soca: «Con estos dos libros, quedó consagrado el malentendido; a partir de entonces, la masturbación lleva, injustificadamente, el nombre de Onán, cuyo pecado había sido otro».
Hasta el día de hoy, diccionarios y enciclopedias definen «onanismo» como sinónimo de masturbación, perpetuando un error histórico de 300 años.
Datos curiosos que no conocías
1. Tamar aparece en la genealogía de Jesús
Aunque su historia es controvertida, Tamar es una de solo cuatro mujeres mencionadas en la genealogía de Jesús en Mateo 1:3. Las otras tres son Rajab (una prostituta cananea), Rut (una moabita extranjera) y Betsabé (con quien David cometió adulterio). Estas inclusiones demuestran que la gracia divina opera a través de personas imperfectas y situaciones complejas.
2. El nacimiento dramático de los gemelos
Cuando Tamar dio a luz, uno de los gemelos extendió la mano primero. La partera ató un hilo escarlata a su muñeca, identificándolo como el primogénito. Pero entonces el bebé retiró la mano y su hermano nació primero. La partera exclamó: «¡Qué brecha has abierto!», por lo que fue llamado Fares (que significa «brecha» o «ruptura»). Su hermano con el hilo escarlata fue llamado Zara (que significa «escarlata» o «resplandor»).
Este episodio tiene un paralelismo interesante con el nacimiento de Jacob y Esaú, donde también hubo una inversión del orden esperado de nacimiento.
3. La ley del levirato tenía una «cláusula de escape»
Aunque la ley del levirato era obligatoria, existía un procedimiento legal para que un hombre se negara a cumplirla (descrito en Deuteronomio 25:7-10). El cuñado podía presentarse ante los ancianos de la ciudad y declarar públicamente su rechazo. En ese caso, la viuda le quitaba la sandalia, le escupía en el rostro y su familia quedaba marcada con el vergonzoso nombre de «la familia del Descalzado».
Onán podría haber elegido este camino, pero en cambio optó por la hipocresía: aparentar cumplimiento mientras saboteaba el propósito de la ley.
4. El nombre de Onán significa «fuerza» o «vigor»
Irónicamente, el nombre «Onán» deriva de una raíz hebrea que significa «fuerza», «vigor» o «riqueza». Fue nombrado por su madre, a diferencia de Er (nombrado por Judá) y Sela (también nombrado por la madre).
Codicia y abuso de poder
La narrativa de Onán no es una historia sobre sexualidad desviada, sino sobre las consecuencias de la codicia, el abuso de poder y la negación de responsabilidades familiares. Es también una historia sobre cómo la mala ciencia y la teología errónea pueden distorsionar textos durante siglos.
La próxima vez que escuches el término «onanismo», recuerda: Onán no fue castigado por masturbarse (nunca lo hizo), sino por traicionar a su hermano muerto, explotar a una viuda vulnerable y anteponer su herencia a su deber.
Con información de PlayBuzz
--
--