La noche del 2 de noviembre, en el panteón de San Andrés Mixquic, en Tláhuac, las tumbas se iluminan con miles de veladoras y las familias se quedan junto a sus difuntos hasta la medianoche. Quien llega a esa escena después de haber visto Coco suele reconocer algo, aunque no sepa bien qué. Esa extrañeza sirve para revisar cómo ha retratado el cine la fiesta.
Lo que pasa fuera de la pantalla
La UNESCO inscribió en 2008 las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, tras haberlas proclamado en 2003. Su descripción habla de un regreso transitorio de los difuntos, entre fines de octubre y comienzos de noviembre, al cierre del ciclo anual del maíz.
El calendario tiene orden. Según el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED), el 1 de noviembre se dedica a los muertos chiquitos y el 2 a los adultos. Se esparcen pétalos de cempasúchil y se encienden velas trazando el camino para que las almas no se pierdan, y en la ofrenda van pan de muerto, calaveritas de azúcar, papel picado y la comida que le gustaba a cada quien.
En Mixquic el ritual es todavía más fino. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) registra que el 28 de octubre se enciende una veladora por quienes murieron en un accidente o por violencia, que el 31 al mediodía las campanas anuncian a los niños, recibidos con pétalos de rosas blancas, y que el 1 de noviembre llegan los adultos, ya con cempasúchil. Michoacán tiene sus propias versiones en Janitzio y Pátzcuaro.
Macario (1960), la muerte como personaje
Roberto Gavaldón dirigió esta adaptación del relato de B. Traven, con guion escrito junto a Emilio Carballido e Ignacio López Tarso en el papel principal. Compitió en Cannes en 1960 y fue la primera película mexicana nominada al Óscar a mejor película extranjera, en la ceremonia de 1961.
Su retrato de la fecha acierta en el ambiente, con las velas, los dulces de calavera y un pueblo volcado hacia sus difuntos. La trama viene de otra parte. Un hombre pobre que comparte su comida con la Muerte y recibe a cambio el poder de curar deriva de La muerte madrina, de los hermanos Grimm, según explicó Alfredo López Austin en un texto que recoge la Gaceta UNAM. Es una fábula de raíz europea con escenografía de noviembre.
Coco (2017) y la regla de la fotografía
Dirigida por Lee Unkrich para Pixar, ganó en 2018 el Óscar a mejor película animada, y su canción «Remember Me», de Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez, se llevó el de canción original.
Coco reproduce con cuidado la ofrenda doméstica, el camino de pétalos y la visita nocturna al panteón. El puente de cempasúchil que cruzan los muertos es una imagen inventada que traduce bien la idea de los pétalos como ruta. Donde la cinta se aparta más es en sus reglas: la fotografía en el altar como requisito para cruzar y la desaparición de quien nadie recuerda son recursos de guion que ninguna fuente oficial consultada describe como creencia tradicional.
El libro de la vida (2014), un parque de diversiones mítico
Dirigida por Jorge R. Gutiérrez y producida por Guillermo del Toro, recibió una nominación al Globo de Oro a mejor película animada. Su estética de muñecos de madera y sus dos reinos de los muertos, el de los recordados y el de los olvidados, la alejan del registro documental. Mezcla charrería, guitarras, catrinas y figuras mitológicas inventadas, y funciona como homenaje libre.
Spectre (2015) y el desfile que vino después
En su secuencia inicial, la película de James Bond dirigida por Sam Mendes muestra un enorme desfile de Día de Muertos por el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ese desfile no existía. El 29 de octubre de 2016 la capital organizó el primero, del Ángel de la Independencia al Zócalo, con respaldo del Consejo de Promoción Turística de México, y el entonces jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, reconoció que la idea había surgido de la película.
Hubo antecedentes ciudadanos. La primera Mega Procesión de las Catrinas salió el 26 de octubre de 2014, un año antes del estreno de Spectre, por iniciativa de un grupo de maquillistas. Aun así, una ficción extranjera terminó sumando una costumbre nueva a la ciudad que retrataba.
Lo que comparten y lo que sigue vivo
Las cuatro películas toman la parte más visual de la fiesta y la ponen al servicio de una historia. Ninguna se ocupa del calendario que distingue a los niños de los adultos, ni de las variantes por región, ni del vínculo con la cosecha del maíz que subraya la UNESCO. El cine necesita trama y la tradición funciona por repetición.
Conviene volver a verlas con esas diferencias en mente. En México, Mercado Play es uno de los lugares donde se pueden ver películas y series gratis, y el ejercicio rinde más si después se visita una ofrenda real, la del barrio o la de la familia.
Mientras tanto, la fiesta sigue en manos de quienes la hacen cada año. En Mixquic la alumbrada se repite, el desfile de la capital ya suma ediciones propias y, en muchas casas, alguien vuelve a acomodar el pan, el agua y la sal frente a una foto.