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El día que Humphrey Bogart se salvó de la malaria gracias al whisky

El día que Humphrey Bogart se salvó de la malaria gracias al whisky

Durante 65 días en el Congo de 1951, Katharine Hepburn vomitaba sangre, el equipo técnico perdía 9 kilos y John Huston desaparecía para cazar elefantes. Pero Bogart y el director no enfermaron. La leyenda dice que el whisky los salvó de la malaria. La realidad es más oscura

La misión suicida de John Huston

En 1951, John Huston convenció a la Metro-Goldwyn-Mayer de que la única forma de rodar La Reina de África era adentrándose 1.100 millas en el corazón del Congo Belga. No buscaba autenticidad cinematográfica; buscaba cazar elefantes. El estudio accedió, y el 23 de mayo de 1951, un tren de madera con cuatro vagones del tamaño de tranvías, arrastrado por una locomotora que quemaba leña, transportó al equipo desde Stanleyville (hoy Kisangani) hasta las faldas de un lago negro como el té, cuyas aguas estaban infectadas por un parásito letal llamado bilharzia.​

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El campamento que encontraron no era un set de Hollywood con catering y enfermeras. Fue construido en ocho días por ochenta y cinco obreros congoleños. Las cabañas de bambú y hojas de palma no tenían un solo clavo. El agua llegaba desde un manantial a kilómetro y medio, pero aun hervida, filtrada y tratada con tabletas desinfectantes, seguía siendo un veneno lento.​

Huston recibió al equipo con un brindis en el bar: «Bueno, ya lo he encontrado. Disponemos de casi todas las clases de enfermedades posibles y de casi todas las especies de serpientes conocidas».​

La epidemia: No era malaria, pero mataba igual

A los pocos días, el infierno se desató. No fue la malaria la que diezmó al equipo, aunque los mosquitos anofeles zumbaban en nubes densas. Fue el agua. El agua que bebían los técnicos, el agua que Katharine Hepburn insistía en tomar porque «no era bebedora». El agua que contenía Shigella, Entamoeba histolytica y otros parásitos que convierten los intestinos en un campo de batalla biológico.​

Katharine Hepburn, la estrella de 44 años que había ganado dos Oscar, enfermó de disentería amebiana tan grave que perdió nueve kilos en semanas. El director de fotografía Jack Cardiff tuvo que colocarle una palangana fuera de plano para que pudiera vomitar entre toma y toma. En una ocasión, corrió al retrete improvisado y encontró una mamba negra de tres metros esperándola en la oscuridad.

El ingeniero de sonido trabajó tendido en el suelo porque no podía mantenerse en pie. Lauren Bacall, que acompañaba a Bogart, también cayó enferma. Todos menos dos hombres.​

La dieta que desafió a la microbiología

Humphrey Bogart y John Huston no bebieron una gota de agua del Congo. Bebieron whisky escocés. Comieron frijoles horneados y espárragos enlatados traídos desde Londres. Y nada más.

Bogart, ganador del Oscar por Casablanca, era amigo íntimo de Huston. Ambos habían sobrevivido a la caza de submarinos en el Caribe durante la Segunda Guerra Mundial. Sabían que en territorio hostil, la prevención es más valiosa que la medicina. «Si una mosca nos picaba a Huston o a mí, se moría», bromeó Bogart después.

La estrategia era simple y brutal: el alcohol no mata parásitos intestinales, pero evita que bebas agua contaminada. El whisky era su vacuna contra la estupidez, no contra la malaria. Y funcionó. Mientras Hepburn vomitaba sangre y el equipo técnico perdía litros de líquidos en las letrinas, Bogart y Huston pescaban en el río Lulaba con su botella de Johnnie Walker como única compañera.​

Katharine Hepburn: La testigo del infierno

En su libro El rodaje de La Reina de África o cómo fui a África con Bogart, Bacall y Huston y casi perdí la razón, Hepburn describe un paisaje que no era decorado, sino veredicto. Escribía a sus amigos desde su tienda: «Esto es un infierno. No puedo mantener nada en el estómago. John desaparece durante días para cazar elefantes. Bogie se ríe de mí mientras bebe whisky. Y yo estoy aquí, perdiendo la vida por una película que ni siquiera sé si funcionará».

La actriz, conocida por su disciplina ferrea, combatió el sentimentalismo fácil en su personaje. Pero no podía combatir el Entamoeba en sus intestinos. En una escena clave, cuando su personaje Rose Sayer debía mostrar fortaleza, Hepburn tuvo que interrumpir el rodaje cinco veces para correr al retrete. Huston, impaciente, le gritó: «¡Katie, controla tu maldito cuerpo!». Ella respondió: «John, mi cuerpo está intentando matarme. ¿Quieres que actúe o que muera?».​

John Huston: El director que quería matar un elefante

Mientras su equipo moría lentamente, Huston desaparecía en la jungla con un rifle .375 Holland & Holland. «John quería matar un elefante. Esa era la verdad de la película», declaró un ayudante de dirección. La película era su excusa para la caza mayor. Las autoridades de Nairobi le habían denegado permiso, así que eligió el Congo, donde las reglas eran más flexibles.​

Cuando no estaba cazando, Huston bebía whisky con Bogart en el bar del campamento, donde cada copa costaba veinte centavos. Discutían sobre el guion, que nunca terminaba de cerrarse. Hepburn, exasperada, intentaba aportar coherencia dramática mientras su estómago se rebelaba. Huston solo quería «magnetizar la escena», como si su presencia volátil fuera suficiente para que la película se filmara sola.​

La ciencia que explica el «Milagro»

El mito de que el whisky «curó» o «previno» la malaria es una simplificación hollywoodense. La realidad es más prosaica:

  • La enfermedad principal fue disentería amebiana, transmitida por agua contaminada con parásitos.
  • La malaria también existía, pero no fue la epidemia que diezmó al equipo.​
  • El whisky no mata Plasmodium falciparum (el parásito de la malaria) ni Entamoeba histolytica.
  • Lo que hizo el whisky fue desincentivar el consumo de agua local, reduciendo la exposición a patógenos intestinales.

Bogart y Huston no fueron inmunes por magia etílica. Fueron inmunes porque bebían líquido esterilizado por destilación. Mientras el resto del equipo confiaba en un sistema de purificación que fallaba (los filtros del barco Lugard II en Uganda estaban atascados), ellos bebían directamente de botellas selladas.​

El final del rodaje y la lección que Hollywood olvidó

El 17 de julio de 1951, el rodaje en exteriores terminó solo dos días después de lo previsto. El equipo había sobrevivido a:​

  • 1.100 millas de navegación por ríos infestados de cocodrilos​
  • Invasiones de hormigas carnívoras que alfombraban literalmente el campamento​
  • Mambas negras en los retretes y escorpiones en las botas
  • Una epidemia de disentería que dejó a Hepburn con nueve kilos menos

Bogart y Huston, «los borrachos del whisky», fueron los únicos que no perdieron días de trabajo por enfermedad. Cuando la película se estrenó en diciembre de 1951, fue un éxito crítico y comercial. Hepburn recibió su quinta nominación al Oscar. Bogart ganó su único Oscar de Actuación.​

Pero la lección no fue «el whisky cura». La lección fue: en territorio hostil, la prevención es tu mejor medicina. Y a veces, la prevención viene en una botella con etiqueta escocesa.

La herencia del mito

La anécdota se convirtió en leyenda porque es perfecta para el mito de Bogart: duro, cínico, imperturbable. La leyenda «Bogart se salvó de la malaria gracias al whisky» vende mejor. Pero la realidad es más interesante: un director obsesionado con cazar elefantes, una actriz de hierro quebrada por parásitos, y un actor que usó el alcohol no como estupefaciente, sino como escudo contra la estupidez de beber agua del Congo.​

El whisky no fue la cura. Fue la estrategia. Y en la selva de 1951, esa estrategia fue la diferencia entre terminar una película icónica y terminar en una fosa común con el nombre escrito en una cruce de madera.​

Con información de: erroreshistoricos.com / fotogramas / eldebate / lanacion / express

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