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Pónganse a leer: Andrés Eloy, el poeta del pueblo

Pónganse a Leer con Pedro Julio | “De Chachopo a Apartaderos. Caminas Luz Caraballo, con violetitas de mayo con carneritos de enero. Inviernos del ventisquero farallón de los veranos con fríos cordilleranos entre riscos y ajetreos se te van poniendo feos los deditos de tus manos”.

Las líneas del inicio pertenecen al poema “Palabreo de la loca Luz Caraballo” del poeta cumanés Andrés Eloy Blanco. El 21 de mayo es el aniversario de la partida del poeta del pueblo. Hoy en pónganse a leer le vamos a brindar un homenaje a Andrés Eloy Blanco.

La vida de Andrés Eloy

Andrés Eloy Blanco Meaño, nació en Cumaná 6 de agosto de 1896. Muy joven se va a Caracas a estudiar, allá se introduce en el Círculo de Bellas Artes. Pronto empieza a recibir las miradas de los críticos y entendidos, recibe un premio por su poema  «Canto a la Espiga y al Arado», y publica su primera obra dramática, El huerto de la epopeya.

En 1918 se lo llevan preso por tomar parte en las manifestaciones contra el régimen del dictador venezolano Juan Vicente Gómez. Un dato curioso es que era masón, se inició trabajando en el rito escocés antiguo y aceptado que representaba el simbolismo y misticismo frente al materialismo político y filosófico. (Blanco, Andrés Eloy (1955). Giraluna. México: Yocoima)

La obra poética

La obra de Andrés Eloy Blanco está grabada con fuego en el subconsciente de los venezolanos, de los latinoamericanos, porque el habla de temas que nos tocan de cerca, de lo que nos afectan a todos, el racismo por ejemplo, el poema “píntame angelitos negros” por ejemplo es una crítica social pura y dura, y por cierto nadie canto eso como Celia Cruz.

En otro de sus poemas, retrata con ardor el sentir de una madre en “Los hijos infinitos” que arranca diciendo…

“Cuando se tiene un hijo, se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera”.

Todas las mamás que anden por aquí seguro se sentirán identificadas con este poema que es una belleza.

La oscura fijación de los niños del páramo andino

Hay un tema en la obra de Andrés Eloy que rompe hasta el corazón más duro, seguimos con las madres, pero esta es una pobre mujer que ha perdido a sus hijos y ha perdido la cabeza con ellos.

Esta no es como las madres de las que hablamos en el episodio anterior.

En el poema que refería al inicio de este episodio va haciendo una relación de los hechos trágicos en la vida de Luz Caraballo, un personaje andino muy popular.

Es un poema tristísimo, muy duro, oscuro. Y en la voz de un niño paramero a mí me resulta perturbador. Entre sus líneas el poema dice:

“Y entre golpes y traspiés persiguiendo tus ovejos se te van poniendo viejos los deditos de tus pies”

Melancolía pura y dura. Es tribulación, pesar, desdicha superlativa.

La Aeroplana Clueca

Andrés Eloy no solo escribió poesía, también escribió un cuento fantástico lleno de humor. Una sátira en clave de crónica poco conocida en su obra literaria.

El cuento La Aeroplana Clueca es una delicia. Aquí nos va narrando la historia de cómo el narrador un día de mayo se consigue un huevo grande, enorme, más grande que los de avestruz, cuida del huevo hasta que rompe y de él emerge un pequeño aeroplano.

Sí señores, un aeroplano, bueno el narrador decide hacerse con el pequeño aeroplano, y esto desencadena una serie de entuertos con otras aves de corral que son desternillantes.

Empieza a contarnos sus ilusiones paternales con la máquina voladora, es realmente enternecedor.

Y por ahí se va metiéndonos luego en una guerra, una gran guerra, habla de invasores de un país sin sol. A la que parten el narrador y el aeroplano joven.

En esa guerra nos encontramos nuevamente con la Aeroplana Clueca, que tiene nuevos retoños. La historia de la guerra es estremecedora. Todo tan bien escrito. El final es desgarrador, lejos del humor inicial… no haré spoiler, pero no se priven de alimentar su alma leyendo esta maravilla.

Los poemas de amor

Como todo buen poeta, Andrés Eloy Blanco también escribe al amor, pero al amor desgarrado, las “coplas al amor viajero” es oro molido, pero como yo soy un romántico empedernido y tengo una debilidad natural a la cursilería, me quedo con la joya “palabreo del malquerer” y quiero compartirles un trocito de mi poema favorito de mi paisano.

Dice así:

“Cuando tú me pidas algo, ya tu sabes que te doy, lo que valgo y lo que soy, lo que soy y lo que valgo; pero cuando yo te salgo pidiendo un ir o un venir, un quedarte o un salir, un beso, un abrazo, nada, como me sales cargada ¡si yo te llego a pedir¡”

Es como una canción de la Rosalía.

Cuando una estrella sube al cielo

En la medianoche del 21 de mayo de 1955, mientras regresaba a su casa en Cuernavaca, en México donde vivía, el vehículo donde iba fue embestido por un Cadillac, el conductor del automóvil donde iba el poeta perdió el control, y se estrelló. El del Cadillac huyó.

Las víctimas fueron trasladadas a un puesto de emergencia pero Blanco no aguantó aquello y ascendió al cielo de los grandes poetas en la madrugada del 21 de mayo de 1955.

Así terminó la vida terrenal de un hombre luminoso.

Bueno gente, si yo sigo hablando por acá nos va a agarrar el sereno, así que les dejo pero me quedaré con la esperanza de haberles picado la curiosidad y que una vez terminen de escuchar este episodio van a salir corriendo a buscar la obra del poeta cumanés más popular, -ojo con Cumaná que ha dado grandes poetas, bueno Sucre es tierra de poetas-, un día vamos a hablar de Ramos Sucre, de Salmerón Acosta y de otros insignes.

Yo me voy pero antes les recuerdo la consigna… pónganse a leer.

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