Pierre-Auguste Renoir, el pintor de la felicidad

Pierre-Auguste Renoir, el pintor de la felicidad

Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) fue, junto con Claude Monet, el pionero de un nuevo estilo pictórico: el impresionismo. Desde la cotidianidad de sus personajes femeninos, hasta la alegría de sus jardines, el pintor caracterizó plenamente su obra por los colores vivos y la libertad creativa.

Renoir, el placer de pintar

Al igual que muchos de los artistas de su generación -como Monet, Sisley y Bazille-, el joven Pierre-Auguste Renoir recibió clases particulares con el artista suizo Charles Gleyre. No obstante, el mentor academicista no se encontraba particularmente a gusto con el modo de pintar de su pupilo.

¿El motivo? Se cuenta que, en su primera semana en el taller, Gleyre le recriminaría el hecho de que pintaba únicamente para divertirse.

“Puede usted estar seguro de que yo no pintaría si no me divirtiera”, respondió el joven Renoir, dándole la razón, sin un mínimo asomo de impertinencia.

Desde sus orígenes en Limoges, Francia, hasta su constante inquietud por el dibujo, la porcelana y las artes en general, Renoir nunca dejó de considerarse un artesano, labor que comenzó a la edad de 13 años con el objetivo de contribuir económicamente a su núcleo familiar, y que, con el transcurrir del tiempo, se convertiría no solo en su ocupación a tiempo completo, sino en una pasión que disfrutaba con optimismo, armonía y tranquilidad.

“La pintura no es una quimera. Es, ante todo, un trabajo manual y es necesario realizarlo como lo llevaría a cabo un buen artesano” – Pierre-Auguste Renoir.

Renoir y sus pinceladas hedonistas

Una de las particularidades que diferencia la obra de Renoir, con respecto al trabajo de sus colegas impresionistas, radica en su fascinación por interpretar, según su perspectiva, la figura humana, en concreto, la figura femenina.

‘Las grandes bañistas’ de Renoir (1884-1887) – Imagen: The Large Bathers – Google Art Project (Wikipedia).-

Además de sus pintorescos y ornamentales paisajes, llevados a cabo con pinceladas inspiradas directamente en la técnica de Camille Corot (1796-1875), el artista consolidó su obra por medio de desnudos femeninos, sensuales y hedonistas, basados en las grandes pinturas de Pedro Pablo Rubens y el pícaro rococó.

“Para mí, un cuadro debe ser algo amable, alegre y hermoso, sí, hermoso. Ya hay demasiadas cosas desagradables en la vida como para que inventemos más” – Renoir.

Renoir, el artista cuya obra desprende la alegría de vivir, señaló en más de una oportunidad que prefería guiarse por su vista, sensibilidad e intuición, que partir de una teorización del proceso artístico. En este sentido, el pintor manifestó: “Me gustaría que un rojo sonara como el tañido de una campana. Si no lo consigo la primera vez, tomo más rojo y otros colores hasta que lo tengo. No soy más listo. No tengo más reglas y métodos”.

Un artista que trascendió del impresionismo

 

A pesar de que, en 1869, Pierre-Auguste Renoir causó una ruptura en el mundo artístico, sería cuestión de tiempo para que el pintor se percatara de que aquel entorno era mucho más complejo de lo que se había imaginado. En 1883, año de la muerte de su cercano amigo Édouard Manet, corresponde a un momento en el panorama pictórico, cuando la unidad del grupo impresionista ya no es lo que había sido. Renoir llegó a reprocharse el hecho de haber expuesto frente al gusto de una clientela burguesa, e incluso, señaló:

“Exponer con Pisarro, Gauguin y Guillaumin es exponer con una asociación cualquiera; al público no le gusta lo que huele a política y a mi edad no quiero ser un revolucionario” – Renoir.

Fiel a su esencia, permanecieron amistades como Monet, Cézanne y Caillebotte, y pese a que su ejecución se encontraba en pleno período de duda, el artista, insatisfecho y en introspección de pintar según sus propios gustos, busca el recuerdo de Corot y se deja influir por el japonismo. De acuerdo con los críticos, este se trata de un período más “agrio” e “ingresco”.

La última manifestación del grupo impresionista

En 1886, Renoir celebra junto con Seurat, Signac y Pissarro, una muestra donde se revela una nueva orientación pictórica: el neoimpresionismo. Absortos en búsquedas de nuevos horizontes, sus obras presentan un cambio refrescante y alusivo a la introspección de una nueva dirección para el arte.

Luego de esto, el artista se muda al pueblo de su esposa, Essoyes. En él, descubre una fascinación por la atmósfera bohemia y el trabajo al aire libre.

“Hay campesinas como para huir de las modelos parisienses demasiado caras”, expresó Renoir.

Renoir, pintor hasta el final

En 1888, Renoir sufre su primer ataque de reuma, lo cual le provoca una parálisis facial y una artritis que no le abandonará sino hasta el día de su muerte. No obstante, abandonar el arte no era una opción, motivo por el que, a partir de ese momento, decidió comenzar a atarse los pinceles a las manos para seguir pintando.

“Creo que no he pasado ni un solo día sin pintar”, expresó Renoir la noche antes de morir. De acuerdo con fuentes cercanas al pintor, el 2 de diciembre de 1919, pidió sus pinceles para llevar a cabo un ramillete de flores. Horas más tarde, Pierre-Auguste Renoir fallece en Les Collettes, a los 78 años.

 

“Mi existencia ha sido exactamente lo contrario de lo que debería haber sido. Me han representado como un revolucionario a mí, que soy el más chapado a la antigua de todos los pintores” – Pierre-Auguste Renoir.

 

Con información de: Historia-Arte! / Pierre-Auguste Renoir/ Grandes maestros de la pintura, (2006). Editorial Sol 90, S.L. | Foto: Shutterstock

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