La nueva apuesta del cine de acción, Protector, no solo nos devuelve a una Milla Jovovich en su estado más puro y feroz, sino que nos presenta a un villano que rompe con todos los moldes tradicionales: «The Chairman», interpretado por el talentoso Gabriel Sloyer.
El ascenso de Gabriel Sloyer
Para quienes siguen de cerca las producciones de alto calibre en plataformas de streaming, el nombre de Gabriel Sloyer no es ninguna novedad. El actor ha sabido construir una carrera sólida participando en éxitos rotundos como Narcos, Inventing Anna e incluso prestando su voz y movimientos para hitos de la cultura popular como el videojuego Red Dead Redemption II. Sin embargo, su papel en Protector representa un salto cualitativo hacia una oscuridad mucho más refinada y, por ende, más inquietante.
En Protector, Sloyer encarna a «The Chairman», el líder de «The Syndicate», una organización criminal dedicada al tráfico de mujeres y niños en la frontera de Nuevo México. A diferencia de los villanos estrafalarios o puramente físicos a los que el género de acción nos tiene acostumbrados, este personaje se mueve en las sombras de la legalidad aparente. Es un hombre de negocios, un estratega que no necesita ensuciarse las manos para sembrar el caos, lo que lo convierte en el contrapunto perfecto para la energía cinética y desesperada de Nikki Halstead, el personaje de Milla Jovovich.
El director Adrian Grünberg, conocido por su trabajo en Rambo: Last Blood y Get the Gringo, buscaba precisamente esa dualidad. Según sus propias palabras, quería un antagonista que pudieras conocer en una fiesta y con el que pudieras charlar durante horas sin sospechar que detrás de esa fachada de éxito se esconde un monstruo. Esa es precisamente la magia que Gabriel Sloyer aporta a la pantalla: una normalidad escalofriante que hace que el peligro se sienta mucho más cercano y real.
Un negocio familiar con intenciones malévolas
Al hablar sobre la construcción de este personaje, Gabriel Sloyer ofrece una perspectiva fascinante que aleja a «The Chairman» del cliché del psicópata de película de terror. Para él, la clave está en la humanidad distorsionada del rol. Según el actor, su personaje «es un hombre de negocios y tiene que hacer lo que tiene que hacer, tiene un negocio familiar, solo que por casualidad se trata de traficar personas». Esta visión despoja al villano de cualquier remordimiento moral, tratándolo como un administrador de recursos, aunque esos recursos sean vidas humanas.
Esta desconexión emocional es lo que hace que el enfrentamiento con Nikki Halstead sea tan potente. Mientras ella actúa impulsada por el instinto maternal y la ferocidad de una soldado veterana, él opera desde la lógica fría. «Yo no creo que él sea un psicópata, es como un hombre humano, pero que tiene intenciones malévolas muy malas», confiesa Sloyer, subrayando que la verdadera maldad a menudo no grita, sino que simplemente decide ignorar el sufrimiento ajeno en favor del beneficio propio.
Esta interpretación le permite al actor jugar con sutilezas que rara vez se ven en el cine de acción contemporáneo. No se trata de quién dispara más rápido, sino de quién logra quebrar la voluntad del otro. La estructura de la película, que el propio Grünberg define como un «drama-acción», permite que estas interacciones tengan el peso necesario para que el espectador sienta que hay mucho más en juego que una simple persecución.
El desafío de enfrentar a Milla Jovovich: Ajedrez psicológico y espejos
Prepararse para ser el enemigo de una de las heroínas de acción más icónicas de la historia del cine no es tarea fácil. Milla Jovovich, famosa por su papel en la franquicia Resident Evil y clásicos como The Fifth Element, es conocida por su entrega física total. Para Gabriel Sloyer, el reto no fue solo igualar esa intensidad, sino encontrar la manera de desestabilizarla mentalmente.
«Fue muy retador esa preparación mental, como muy, muy desafiante eso de tratar de pensar: ¿cómo juego este ajedrez psicológico con Milla y cómo hago las cosas para enfurecerla aún más?», relata el actor. La dinámica en el set entre ambos fue una mezcla de respeto profesional y una búsqueda constante de tensión dramática. Para lograr esa mirada gélida y esa sonrisa que hiela la sangre, Sloyer pasó horas en un proceso introspectivo casi perturbador.
«Yo honestamente practicaba horas ahí sonriendo al espejo mientras hacía cosas terribles, terribles, porque no sabía cómo entrar en este mundo tampoco», admite con una honestidad brutal. Estamos ante un actor que buscó en los rincones más oscuros de la psique humana para entregar una interpretación que sea recordada más allá de los créditos finales.
Protector: Una montaña rusa de emociones que no necesita traducción
Uno de los puntos más interesantes que destacó Gabriel Sloyer en nuestra conversación, es sobre el género de acción y su capacidad de conexión universal. A diferencia de las comedias o los dramas densos que a veces se pierden en los matices culturales, la acción bien ejecutada habla un lenguaje que todos entienden: el de la adrenalina y la justicia.
«Creo que estas películas de acción, lo bonito de ellas es que no necesitan una traducción y que llegan directamente al sistema nervioso», explica el actor de ascendencia colombiana. Esta universalidad es lo que hace que Protector tenga un potencial enorme en el mercado internacional, especialmente en Latinoamérica, donde el género cuenta con una base de fanáticos sumamente leales.
Incluso dentro de su propio círculo cercano, el género genera pasiones. Sloyer menciona con humor a su primo en Medellín, Sebastián, quien suele burlarse de él por sus trabajos anteriores en historias más ligeras: «Él es fanático megafan de este género y yo espero personalmente que todo el mundo la vea y que cuando llegue a Colombia otra vez, que me trate un poco mejor, que tenga un poquito más de respeto… como el líder de un cartel o algo». Esta anécdota refleja cómo la percepción de un actor cambia cuando asume roles de poder y peligro, validando su versatilidad ante el público más exigente.
Catarsis y realismo en un mundo convulso
Más allá de las explosiones y las coreografías de pelea coordinadas por Vern Nobles Jr., Protector busca tocar fibras sensibles sobre temas actuales y dolorosos. La película aborda la estadística aterradora de que más de 17,000 personas son traficadas anualmente en los Estados Unidos, utilizando la ficción para arrojar luz sobre una realidad que a menudo preferimos ignorar.
Para Gabriel Sloyer, la película cumple una función social importante a través del entretenimiento. «Es una muy buena película, es muy divertida, es una montaña rusa de emociones, tiene de todo; y creo que dado lo que está sucediendo en el mundo, les va a encantar porque es una catarsis», afirma. En un contexto global donde las noticias suelen ser abrumadoras, ver a una madre recuperar su poder y enfrentarse a un sistema corrupto ofrece un alivio emocional necesario.
La producción de Protector se aseguró de que este realismo no se perdiera en el montaje. Desde la decisión de Milla Jovovich de pasar cuatro minutos y medio colgada boca abajo para que la sangre en su rostro fuera real, hasta la insistencia de Matthew Modine de dotar a su personaje, el Col. Lavelle, de una experiencia de campo tangible, cada detalle fue cuidado para que el espectador no sintiera que está viendo una «película de superhéroes», sino un relato crudo sobre la supervivencia y el sacrificio.
Gabriel Sloyer ha logrado crear un villano para la era moderna: elegante, eficiente y absolutamente despiadado. Su interpretación de «The Chairman» es el motor que obliga a la protagonista a superar sus propios límites, creando un conflicto que se siente personal para el espectador. No te pierdas el estreno este 6 de marzo y comprueba por ti mismo como la moralidad se pone a prueba en cada fotograma.
--
--