#Opinión: Ve solo lo bueno en los demás

Sep 14, 2017 | Bienestar - Vida

Por Christopher Barquero | Life Coach @ChrisBarquero |

Como dice el dicho: “el ojo nunca ve pa’ dentro, sino pa’ fuera”. Y, por lo general, cuando vemos para afuera, es para centrarnos en lo que los demás hacen, tienen o están viviendo. Es cuando aparecen los comentarios, los juzgamientos, la envida, comparaciones y los pensamientos debilitadores para con nosotros mismos. Una práctica, poco alentadora para quien realmente desea tener el control o, al menos intentar, llevar las riendas de su vida.

En vez de enfocarse en sí mismos, algunos aseguran que andan viendo en qué andan los demás, pues del mal ajeno aprenden, ya que, como también dicen: “de sabios es observar los errores ajenos, para aprender a no cometerlos”. Otros abrazan la tendencia que asegura que: “el tonto no aprende nunca de sus errores, el genio aprende de sus errores y el sabio aprende de sus errores y de los ajenos”.

Sin embargo, yo me pregunto: ¿Por qué para la mayoría es más fácil ver los “problemas” ajenos que los propios?, ¿No empieza la limpieza por casa?, ¿En realidad será sabio aprender de un error ajeno si ni siquiera hemos probado ni tenemos certeza de si en nuestro caso obtendríamos los mismos resultados?, ¿ Limitamos nuestra vida al estar viendo los errores ajenos?, ¿No vamos a intentar algo porque a alguien que ya lo intentó no le fue tan bien?, ¿ Son los errores ajenos una advertencia o una barrera para andar con cautela o ser más ágiles que quienes los comenten?, ¿No se supone que la vida es prueba y error y eso es parte de nuestra naturaleza humana?, ¿Por qué tratar de evitar el proceso de aprendizaje al meter la pata cuando lo importante es obtener la lección?…

En este tema hay mucha tela que cortar, pues aunque lo que los demás hagan puede darnos una señal de alerta o precaución, tampoco quiere decir que porque alguien obtuvo un mal resultado o experiencia respecto a una situación a todos nos debe a ir igual. Cada quien habla por su propia experiencia y de una misma situación hay muchos puntos de vista. Quizás el ver lo que otros hacen nos aliente a que seamos más prevenidos o precavidos, pero esto es como las medicinas o los remedios, a unos les quita el dolor y a otros ni cosquillas les hace, no les surte efecto.

Además, el hecho de vivir nuestras propias experiencias y errar, es parte de la vida misma y lo importante es saber que no existen errores o problemas, sino lecciones de aprendizaje y, asumir, incorporar el aprendizaje que dejan en nuestras vidas para evitar que vuelvan a suceder o ser reincidentes. Se trata de aprender la lección. Cuando esto sucede, el tiempo todo lo cura porque la persona madura, ya que hemos aprendido de lo sucedido y lo vemos como algo que nos ayuda a crecer, a mejorar.

Quizás en el momento que nos sucede algo —sea en plano personal, profesional, espiritual, emocional, íntimo, de pareja, en la salud, en las relaciones con los demás— no sea tan agradable, pero si que nos preguntamos: ¿qué bueno puedo sacar de esto que me está sucediendo?, ¿qué desea la vida que aprenda de esta situación?, ¿que hay de positivo detrás de esto?, siempre saldremos adelante, ya que en la vida lo que importa es la actitud.

Se supone que las equivocaciones nos llevan a la sabiduría, no a un futuro error. Es bueno, permitirnos obtener enseñanzas al raspar nuestras rodillas y lastimarnos los codos al caer, por decirlo de alguna manera.

Y es que si nos basamos en lo que los demás han tenido que afrontar o en nuestras mismas experiencias para limitarnos a dar pasos hacia nuestras metas, nuestra evolución personal, profesional y espiritual, estaríamos dejando de creer en nuestro poder creador ya que somos nosotros mismos los que creamos diferentes situaciones y, lo que experimentamos no es más que resultado de en lo que nos hemos concentrado.

De hecho, una situación se puede vivir muy diferente hasta por la misma persona debido a la actitud. Recuerdo que cuando tuve una época —bastante prolongada— en donde todo lo veía absoluta y tremendamente negativo. Como resultado: me llovía sobre mojado. Me la pasaba horrible, deseaba que todo terminara y simplemente me llegaba más de lo mismo. No obstante, simplemente estaba recibiendo más de lo que enviaba al universo: yo me quejaba y la vida me daba una sucursal del infierno en vida porque yo así lo elegía ver. Esa era mi limitada idea de la realidad, la realidad que yo creaba.

Una vez, alguien me sugirió que cambiara todo lo que asociaba con dolor y que le buscara el lado amable, que agradeciera y, si no había de otra, que yo mismo empezara a pintar de colores de mi realidad: funcionó. Y no solo funcionó sino que empecé a atraer más situaciones y personas positivas a mi vida.

Y bueno, como aprendí a darle vuelta a todo y buscar cómo me puedo beneficiar de lo que me sucede, he aprendido que si bien es cierto cada quien tiene su experiencia de aprendizaje única, como ser humano irrepetible que es, también es cierto que compararnos y fijarnos en lo que dicen o hacen los demás, —sobre todo, negativamente hablando— solo nos resta energía para avanzar hacia nuestras metas y nuestro proceso de vida, el cual no se compara con el nadie más.

Como consecuencia, de hace unos años para acá, me enfoco en ver solo lo bueno de cada persona, en conocer sus historias y saber qué han pasado para poder lograr lo que se han propuesto en la vida y en vez de aprender de los “errores” de ellos, me centro en sacarle provecho al conocer lo que han hecho bien, sobre todo si han logrado algo que yo deseo, porque de fijo esa persona ya anduvo por el camino que voy a tener que transitar y puedo sacarle provecho a sus consejos. Igualmente si comentan de sus errores. Solo que me centro en cómo los superaron.

Así lo hago con personas que conozco y admiro o bien con personas de quienes puedo leer sus historias y aprender cómo han resuelto las situaciones, qué pasos dieron y qué estrategias usaron para llegar a donde están. De los grandes se aprende.

Me intereso por conocer los pormenores de cómo llegaron a donde están o por qué pasaron para llegar ahí. Detrás de cada persona con éxito hay historias fascinantes, construidas, no de suerte solamente. De este modo, puedo prevenir situaciones, analizar y echar para mi saco.

Una de las reglas para el éxito es investigar qué han hecho personas que ya tienen lo que tú deseas para llegar hasta ahí. Conocer sus tácticas, sus pasos, cómo piensan, su historia. Eso nos permite tener un patrón de admiración y establecer como punto de referencia ciertos parámetros que, como mínimo, debemos cumplir para llegar a donde deseamos. O al menos, explorar ese mismo camino y estar abiertos a ir ajustando los pasos.

Toma en cuenta lo que los demás dicen, evita la comparación o la envidia y ten la humildad para pedir ayuda, para solicitar a esas personas que ya han transitado por donde tú deseas pasar que te guíen, te aconsejen, o bien investiga sobre ellos y qué los llevó al éxito. Ve solamente el lado bueno de los demás. Sí, cometieron “errores”, tuvieron lecciones de aprendizaje, pero tú aprovecha cómo lo superaron ellos y no te concentres en que tú no puedes errar. Eso es de humanos.

Bien dijo Bertrand Russell, “quien quiera aumentar la felicidad debe potenciar la admiración y disminuir la envidia”, si todos aplicáramos eso, el mundo sería otro. Te invito a concentrarse en lo bueno de cada persona, a resaltar sus habilidades, sus dones, la forma en que han superado ciertas situaciones y desde ahí aprenderlo, hacerlo tuyo para crecer como persona y lograr lo que deseas.

Y recuerda: ¡Sonríe, agradece y abraza tu vida!

Sobre todo: ¡a despertar a la vida, gente! Para VIVIR.

Christopher Barquero | Twitter: @ChrisBarquero | Facebook: Chris Barquero | Instagram: @ChrisBarquero

Christopher Barquero es periodista, productor y conductor de televisión costarricense radicado en México. Trabaja para la cadena Televisa y es colaborador de CNN. También dirige su propia agencia de relaciones públicas y mercadeo. Christopher es Life Coach, dedicado a impartir sesiones de Life Coach, Coach Ejecutivo y Empresarial. Es ferviente seguidor de las filosofías para el desarrollo, crecimiento personal y espiritual del ser humano, así como todo lo relacionado con la inteligencia emocional, autoayuda, meditación, metafísica, alimentación, ejercicio, programación neurolingüística,  aplicación mental, kabbalah y yoga. Actualmente escribe su primer libro, una guía para el bienestar emocional, físico y espiritual.

 

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