Maravillas del arte: El grito – Edvard Munch

Dic 01, 2016 | Arte - Cultura General

Edvard Munch decía de sí mismo que en su arte, intentaba diseccionar almas. Este precursor del expresionismo considerado como el mejor pintor de Noruega, basó sus composiciones artísticas en temas como las tragedias humanas y los sentimientos.

El grito es el más famoso de una serie de cuadros de óleo y pastel sobre cartón pintados por él. Este se encuentra en la Galería Nacional de Noruega y fue terminado en 1893.

La obra muestra una figura andrógina, que está de frente con las manos en la cabeza, expresión de angustia y que parece estar gritando o escuchando un grito.

Munch tomó inspiración para esta pintura, de un paseo con dos amigos al mirador Ekeberg para observar el atardecer sobre Oslo. La imagen de los colores pintando el cielo causó tal impresión en él, que en medio de sus divagaciones la asemejó al grito de la naturaleza.

La obra transmite gran fuerza psicológica y expresividad. El empleo de colores cálidos como las distintas tonalidades de naranja, el cielo, el sendero y el paisaje en sí, parecen expresar sentimientos de angustia y desesperación, reflejados sobremanera en la figura principal de la composición artística. Es el gesto el mayor impacto.

De esta obra existen variadas interpretaciones. Se le considera en parte como el grito de la naturaleza, la condición del artista atormentado o la angustia del existencialismo ante la transición a un nuevo siglo. Para otros, lo más resaltante es la representación gráfica del sonido.

El nombre original de la obra era El grito de la naturaleza (Der Chrei der Natur), y formaba parte de Friso de la vida sobre la vida moderna, el amor, la angustia y la muerte o simplemente Amor, donde intentaba expresar todas las fases de un idilio.

De las otras obras que conforman el seriado de El grito, están:

La desesperación de 1982, donde aparece un hombre con sombrero de copa de medio lado, como si mirara hacia el paisaje. Fue pintada en témpera sobre cartón y se exhibe en el Museo Munch de Oslo, junto a la tercera que muestra en vez, a un hombre con un rostro algo más desesperado y un ambiente más sombrío.

La cuarta es propiedad del empresario estadounidense Leon Black, quien en mayo de 2012 ofreció por ella 119,9 millones de dólares en una subasta realizada por Sotheby’s en Nueva York. Esta se considera la cantidad más alta pagada por una obra de arte.

Dos de estas versiones fueron robadas en los últimos años. La más conocida en febrero de 1994 pero fue recuperada ocho meses después. Mientras que la otra fue sustraída en agosto de 2004, y devuelta en 2006.

Pialet Narváez | Culturizando
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