«La corrupción del alma es más vergonzosa que la del cuerpo.» Recordando a José María Vargas Vila

José María Vargas Vila nació el 23 de julio de 1860 y falleció el 25 de mayo de 1933, fue un destacado escritor colombiano.

Uno de los personajes más polémicos de principios del siglo XX en América, José María Vargas Vila se caracterizó por sus ideales liberales radicales y la consecuente crítica contra el clero, las ideas conservadoras y la política imperialista de Estados Unidos.

Muchas de sus ideas fueron próximas al existencialismo y se fueron afirmando como libertarias, muy próximas al anarquismo, a tal punto que él mismo se declaró anarquista. Sin embargo se caracterizó por defender toda causa y personaje que favoreciera la libertad y la justicia de los pueblos, especialmente los latinoamericanos; sin fijarse tanto en si compartían exactamente su misma forma de pensar.

Entre sus obras destacaron: Aura o las violetas. 1887. Pasionarias, álbum para mi madre muerta. 1887. Emma, Maracaibo. 1888 (En una publicación literaria)Aura o las violetas; Emma; Lo irreparable. 1889. Lo irreparable. 1889. Los Providenciales. 1892. Flor de fango. 1895.

Hoy lo recordamos con algunas de sus mejores frases:

«La corrupción del alma es más vergonzosa que la del cuerpo.»

«Sólo en las regiones de la fantasía es dado crear; crear es la misión del genio.»

«Sólo en el amor el hombre es grande puesto de rodillas; porque el amor es la única esclavitud que no deshonra.»

«Toda obra de arte es personal. El artista vive en ella, después de que ella vivió en él largo tiempo.»

«Todos los hombres son aptos para perpetuar la especie; la naturaleza forma y escoge aquellos que son dignos de perpetuar la idea.»

«Yo, no he visto un soñador más pertinaz, que aquel anciano proscrito, que parecía no darse cuenta de que andaba por sobre las cenizas de los muertos.»

«Solo un gran soldado amó esa idea (la unidad latinoamericana), solo él, habría sido digno de realizarla, y, ese grande hombre, es hoy un muerto: Eloy Alfaro… Sólo él tenía entre sus manos, el fragmento de la espada rota de Bolívar.»