Horrores Humanos: Heinrich Himmler, nazi sumiso y traidor

Nov 15, 2017 | Historia - Horrores Humanos

Heinrich Luitpold Himmler fue el comandante en jefe  de las Schutzstaffel (SS) y más tarde ministro del Interior y fugazmente comandante de los ejércitos del Vístula durante el sitio de Berlín. Gestionó la orden de la matanza metódica y sistemática de millones de judíos, polacos, católicos, gitanos, homosexuales, comunistas, testigos de Jehová, enfermos mentales, entre otros, muchos de los cuales fueron usados en experimentos.

Era ingeniero agrónomo de profesión y un ultranacionalista alemán por influencia paterna. Acabada la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la que se alistó como soldado, militó en movimientos nacionalistas, antes de unirse a Hitler durante el fallido golpe de Estado que éste protagonizó en Múnich (1923).

En 1929 Hitler le puso al frente de las «Escuadras de Defensa» que constituían su guardia personal, las Schutzstaffel o SS (unos 280 hombres). Himmler hizo de ese grupo armado la base de su poder, dotándole de un servicio de información propio extremadamente útil en la lucha política (1931) y ampliándolo hasta contar con unos 52.000 hombres en vísperas de la conquista del poder.

Tras el acceso de Adolf Hitler al gobierno (1933), Himmler fue nombrado jefe de la policía política (Gestapo) en 1934; en alianza con Göring eliminó ese mismo año a Röhm, jefe de la organización paramilitar rival de las SS dentro del nazismo (las «Secciones de Asalto» o SA), durante la purga conocida como la «Noche de los cuchillos largos» (30 de junio de 1934).

Aquel golpe fortaleció su poder, permitiéndole convertir a las SS en el cuerpo de elite del Reich, al tiempo que le otorgaba el control sobre los campos de concentración y el conjunto de la policía alemana (1936). Le correspondió, por tanto, la máxima responsabilidad en la sangrienta represión de disidentes y opositores que realizaron los nazis, así como en la persecución contra los judíos.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) terminó de completarse su poder, al ser nombrado Comisario del Reich para la Defensa y Reforzamiento de la Raza Alemana: se ocupó desde entonces de la implantación de poblaciones «arias» en los territorios conquistados en Europa oriental, así como de la campaña de exterminio de los judíos en los países controlados por el ejército alemán. La extraordinaria crueldad con que la SS dirigió el asesinato de millones de judíos europeos respondió a las órdenes personales de Himmler, metódicamente interesado en los detalles técnicos de la operación.

Desde que el curso de la guerra se volvió en contra de Alemania, Himmler, nombrado ministro del Interior en 1943, inició contactos con el enemigo para salvar su vida. En 1944 se le dio mando militar en el frente de Rusia, que le fue retirado enseguida por demostrada incompetencia. Enterado de su traición en los últimos momentos de la guerra, Hitler le expulsó del Partido Nazi; trató de escapar disfrazado, pero, tras ser detenido por el ejército británico, se suicidó el 23 de mayo de 1945.

Himmler, un hombre de contradicciones

Para sus cercanos, Himmler era un hombre contradictorio, ambicioso, esquivo y un líder natural, exento de humanidad básica, de espíritu frío y distante. Para su biógrafos, Himmler es el paradigma de la contradicción. Físicamente era un hombre de aspecto algo enjuto, carente de rasgos viriles, su fisonomía reflejaba antepasados orientales y tenía manos pequeñas y suaves.

Era jactancioso entre los pares de su elevada posición, le gustaba que lo retrataran fotográficamente y sobre todo cerca de Hitler, a quien idolatraba y mostraba extrema sumisión. De hecho, Hitler manipuló de tal modo la personalidad sumiso-complaciente de Himmler que lo transformó en un fiel ejecutor de las instrucciones de él emanadas respecto de la «cuestión judía». Fanático de la rutina, el orden, el puntillismo por los detalles y la pulcritud, con una gran capacidad para la organización y administración, gustaba mucho de la puntualidad y la burocracia.

Anotaba en su diario personal todos sus acontecimientos diarios, era muy afín a lo místico y esotérico, creía ser la reencarnación de Heinrich “el Cazador”, fundador de la estirpe real de Sajonia en el siglo X. Su afinidad por lo esotérico, por la medicina alternativa y la aceptación de ideas de origen hindú se le atribuyen a la influencia de su esposa Marga, quien practicaba estas creencias cuando se conocieron. No obstante, amigos de la infancia de Himmler declararon después de la guerra que el Heinrich Himmler que conocieron no tenía ninguna relación con el que se desveló después del período nazi. El Heini que recordaban era afable, tranquilo, muy conversador, y además con el carácter de un intelectual.

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