5 ejercicios de coaching para practicar en familia

Sep 11, 2017 | Bienestar - Vida

Por Daniel Colombo |

Llevar herramientas de coaching al mundo de la familia no sólo es posible, sino que resultará entretenido y saludable, por cuanto les ayudará a conocerse más, entenderse, cooperar y sumar juntos para la armonía del hogar.

Estos son cinco ejemplos de algunas actividades que pueden realizarse en conjunto, y que funcionan muy bien entre los mayores con los niños y adolescentes. También pueden recibir invitados, como familiares y amigos que pasen tiempo con ustedes: todos son bienvenidos.

·       Cómo preparar el terreno

Es necesario crear un contexto apropiado para que todos puedan asumir el reto de estas ejercitaciones con interés y entusiasmo. Ambos componentes de la actitud son indispensables para poner en marcha las acciones, y que todos salgan beneficiados.

El concepto de “ganar = ganar” necesitará ser conversado previamente, al igual de que no existe aquí una forma correcta de hacerlo: lo único que basta es hacerlo. Una vez hecho, cada miembro del equipo, en este caso una familia, recibe el resultado en la parte proporcional a su dedicación e intención.

·       El valor del juego

Así como los juegos de mesa y la lectura de cuentos para los niños, estos ejercicios sencillos pueden ser implementados con el único objetivo de divertirse y aprender. Sostenidos en el tiempo, serán, entre otros beneficios:

–        Disparadores para conversar temas importantes;

–        Estimuladores de la empatía;

–        Ayudas para encarar conflictos;

–        Entretenidas excusas para tomar consciencia;

–        Evaluadores del compromiso individual donde cada uno es su propio termómetro.

 

·       5 juegos para practicar en familia

 

1.     El frasco de las emociones

Un frasco grande y transparente, con tapa, será el receptáculo de papeles de diferentes colores. Cada papel tendrá escrito el nombre de una emoción positiva (alegría, felicidad, serenidad, entusiasmo, optimismo, visión positiva, aceptación, comunicación efectiva, etcétera). Puedes colocar papelitos en blanco y lápiz al lado, para seguir aumentando la lista. Coloca el envase en un lugar accesible para todos. Cada vez que se presenta un conflicto entre dos o más miembros del hogar, la invitación es a tomar del frasco un papel, y ejecutar la emoción que está allí. Lo hará todo el núcleo familiar, juntos, y no sólo los que afrontan un problema durante una hora corrida.

Luego, por ejemplo, en el espacio del almuerzo o la cena, o un momento donde estén todos juntos, analizarán los comportamientos y dialogarán, siempre asumiendo el rol de la emoción positiva que le tocó a cada uno.

Preguntas como disparadores: ¿Cómo te sentías antes y después? ¿En qué observas algún cambio? ¿De qué forma podrías ser más asertivo la próxima vez? ¿Para qué te sirve vivir más conectado con -tal- emoción negativa, y -tal- positiva?

 

 

2.     La rueda de la vida

Dibuja un círculo donde colocarás unas 8 parcelas iguales, con líneas verticales, horizontales y oblicuas. Es como una gran pizza de tu vida.

Cada miembro del hogar determinará cuáles son las áreas que representa cada porción; por ejemplo, salud, trabajo, familia, amigos, diversión, estudios.

Yendo una a una, en sentido de las agujas del reloj si lo quieren, coloca una puntuación de 1 a 10 en la línea divisoria de cada parcela, donde el 1 será justo el centro del círculo concéntrico que has dibujado, y el 10 -por ejemplo- estará más cerca del borde. Es decir que si marcaras 5 -por ejemplo-, tu numeración 5 estará justo a medio camino entre el centro y el borde de esa área.

Completa todas las parcelas.

Une todos los puntos con una línea gruesa, midiendo el resultado: traza con una línea, una unión entre los distintos puntos de las puntuaciones. Como quizás hayas colocado distinta numeración, te va a dar una figura irregular.

Para cada persona tendrá una medición distinta. ¿Qué puedes observar? En principio, una forma irregular por lo general. En segundo lugar, en qué áreas estás calificado muy bajo -esto determina que hay una oportunidad para mejorar-.

Preguntas como disparadores: ¿Cómo es tu dibujo, muy pequeño, irregular, muy parejo o desparejo? ¿Qué representa esto? ¿Hay áreas visibles donde puedes mejorar? ¿Qué pequeñas acciones concretas puedes empezar hoy mismo para modificar esos aspectos?

 

 

3.     Ensalada de palabras

Según los países, hay distintas denominaciones para los acrósticos donde se van colocando palabras que refieren a una letra en particular. En algunos le llaman ensalada de letras, de palabras, o ”tutti  fruti”. El proceso es muy sencillo: todos los jugadores tomarán una hoja en blanco, y, en forma horizontal, escribirán unos casilleros de izquierda a derecha -los más pequeños podrán dibujar, o hacerlo verbalmente-.

Cada casillero tendrá consignas como estas, escritas una a continuación de la otra, encabezando columnas para completar hacia abajo. La primera columna que dice “emoción”, y luego, las siguientes con estas palabras: “cuando…” y a continuación, “me siento”, “y cuando me siento así”, “por lo general”, “me gustaría”, “así me sentiría”, “por eso elijo”

Se trata de elaborar las emociones negativas en familia. Una persona empieza, piensa una emoción negativa o de aflicción, y la dice en voz alta al equipo. Todos la anotan en la columna de “emociones”, y completan el patrón de preguntas.

Ejemplo:  Si la emoción que eliges es “tristeza”, podrías poner lo siguiente:

“Me siento” = triste

“Y cuando me siento así” = me encierro

“Por lo general” = me aíslo

“Me gustaría” = ser escuchado

“Así me sentiría” = apoyado

“Por eso elijo” = pedir ayuda cuando estoy triste

Lo importante es que el primer patrón/columna será una emoción negativa, y el último, un resultado superador acerca de cómo quieres elaborar esa emoción negativa.

Preguntas como disparadores: ¿Qué compromiso puedes hacer de ahora en más para sentirte mejor? ¿Qué sentiste internamente cuando hacías este juego? ¿Hay alguna situación que recordaste especialmente? ¿Cómo recuerdas que la atravesaste y superaste?

 

 

4.     Darse feedback para aprender unos de otros

Feedback es una palabra del inglés que significa retroalimentación. Ese ejercicio necesita del compromiso de todos.

Es muy sencillo: cada vez que vayas a decirle algo a otra persona de la familia, primero observa con qué carga de emociones lo harás. Si es positivo y que eleve y construya a la otra persona, a ti y a los demás, ¡bienvenido!.

Si viene con una carga negativa en forma de juicios, críticas y quejas: ¡detente! Aplica la herramienta del feedback, siguiendo este método.

La familia entera tomará un momento para practicar feedback asertivo tantas veces como sea necesario.

Cada persona se acercará a la otra, y, mirándose a los ojos, dirá: “Lo que aprecio de ti es…” y enumerará tres cosas POSITIVAS que esa persona APRECIA de verdad de la otra persona. Luego, podrá decir, “Y la forma en que YO VEO que puedes mejorar es…”, y comentará su aporte de mejora apropiándose de la comunicación, haciéndolo en primera persona.

Una vez que finalizó, la otra persona podrá decir “Muchas gracias” (sólo eso) y darse un buen abrazo o gesto cariñoso entre ambos.

Todos necesitan dar y recibir feedback en este ejercicio. Puedes colocar una música suave de fondo, y facilitar una dinámica en rueda para que se miren a los ojos, y todos sean alcanzados con la experiencia.

Preguntas como disparadores: ¿Hubo alguna información nueva para que pienses en el ejercicio? ¿Qué sentiste en cada momento de lo que te comentaron para mejorar? ¿Cuál fue el mejor aporte positivo que recibiste? ¿Cómo fue tu emoción cuando dabas reconocimiento a otros? ¿Y cuándo lo recibías?

 

5.     Unos minutos de mayor consciencia

Es cierto que armonizar los horarios y energías de toda la familia se convierte en un desafío. Sin embargo, la práctica indica que, una vez que comienzas a experimentarlo, ya no querrás quitarlo de la rutina.

Este ejercicio grupal requiere de toda la familia que convive. Por ejemplo, sentados en círculo, tomarán tres minutos por día para cerrar los ojos, en silencio, y meditar, silenciar la mente y las emociones.

Tan sólo tres minutos pueden hacer una gran diferencia. Y más aún si se logra hacerlo en medio de alguna disputa o diferencia.

Si la familia lo desea puede repetirlo tantas veces como quieran; y es recomendable que lo haga cada persona, individualmente, como inductor del sueño, justo antes de quedarse dormidos.

Preguntas como disparadores: ¿Te sentiste más tranquilo? ¿Hubo muchos pensamientos revoloteando en tu cabeza? Cuando abriste los ojos, ¿qué percibiste de ti y los demás? ¿Cómo te ayudaría esta práctica tan sencilla y breve, si la haces con mayor frecuencia en cualquier ámbito?

Espero que estos cinco ejercicios puedan ayudarte a conquistar un mayor auto conocimiento y consciencia para llevar adelante la convivencia en familia. Como siempre, la clave está en la práctica permanente.

Daniel Colombo | www.danielcolombo.com | Tw @danielcolombopr | Ig: @daniel.colombo

Coach especializado en alta gerencia y profesionales; conferencista internacional; escritor y comunicador profesional

 

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